El bizarro misterio de “DOMTEPCOMI”.

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– Yo soy un profesional. Todo un profesional. Mi capacidad y eficacia han de prevalecer ante cualquier circunstancia. Cualquiera. Lo que no me mata me hace más fuerte… Sí, más fuerte… Jamás se dudó de mi competencia laboral. Soy competente. Sé sobreponerme. Y lo hago porque la vida es una puta guerra contra todo, contra todos  los demás y contra uno mismo. No confío en nadie. Esta batalla personal que elegí es la de joderle los planes a la muerte: TODO lo que se pueda, todo lo que pueda y hasta la misma muerte… O la previa jubilación. Mi poder es el conocimiento de la vida. No hay nada superior, trabajo por y para la vida.

Estaba completamente enfrascado en un fútil discurso mental, el mismo mantra que llevaba años ejercitando con el objetivo de convencerme de mi propia valía, hoy, en pleno descrédito. De fondo sonaba la epifanía de Luciano Berio. Me hace sentir trascendente. El sofá de mi casa parecía tragarme como si de arenas movedizas domésticas se tratara, mi cuerpo se fundía con la tela y mi ego se desintegraba entre la música…

Y entonces, nuevamente, no pude escapar de la pulsante brecha en mi memoria.

18 de noviembre del 2011. 06:00 am.

Lo derivaron a la UVI, transportado cual Patroclo fenecido en funesto carro. Las ruedas, esa mundial plaga mecánica, chirriaban a plena velocidad y pensaba en la forzada marcha de la vida mientras un “clac” de puertas a su vez ponía punto y aparte a la del recién llegado en coma. En este reino mío podrá abrazarla gracias a mis facultades. Un goteo luminoso, un pasillo gélido, una senda recta de incertidumbre… El cuerpo viejo, la máquina en stop, se trasladaba: Abducción. Lo instalan con fluidez en quirófano: Gorro, mascarilla, guantes. El uniforme, un telón del prohibido trémulo.

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Con gesto de torpeza veo al estudiante de prácticas agarrar un par de calzas cuando todos tenemos zapatos destinados a un uso exclusivo. No llegará muy lejos ese inepto… No lo he visto centrado desde que entró…

Lavo el fonendoscopio con alcohol. Detengo el olfato en su efluvio. En mi mente se dibujan frágilmente dulces recuerdos de mis borracheras sin límite. Doy comienzo a una especie de rito mío que atrae el éxito: lavo mis manos siempre con la misma marca de jabón. Su perfume me da confianza. En esencia, es lo más familiar que conozco en esta vida. Además, compruebo los utensilios que porto en mi bata: suaves papeles en el bolsillo inferior. En el situado al pecho, un bolígrafo que le robé a un compañero (consecuencia de alguna urgencia ya lejana).

Hago uso de la “gadgeto-linternita”. (Una de mis gracias personales de poca gracia que uso para distender el ambiente, suelo cosechar miradas que desaprueban mi naturalidad en circunstancias ásperas para los menos curtidos; me la suda). Compruebo la reacción de las pupilas con la luz: isocóricas y normo reactivas, es decir, movimiento de pupilas intacto, movimiento de los ojos por estímulo del órgano del equilibrio intacto.

Clasificación: Primer grado.

Escala de Glasgow: 6. Oxigenación necesaria.

Se le aplica una vía periférica en el pliegue del codo, aplicación de suero, pinza en dedo y mango para tensión. Electrocardiograma. Lo cableamos y la disposición resultante me sugiere la figura de un árbol marchito con sus ramas sobre un débil torso masculino perteneciente a un hombre de unos 60 tacos. Recuerdo la peli de Tim Burton que echaron anoche en la tele. Enciendo el VetSpees-VSM7 y los valores aparecen en pantalla: los “gusanitos” de las pulsaciones, tensión, co2 y saturación de oxígeno se pasean con sus colores vivos a través del cosmos negro digital. Me indican entre otras cosas que se trata de un fumador más… Valores bajos no mienten. El BIS muestra las ondas cerebrales y el grado de consciencia: Nulo en este caso. Me aparto de la camilla.

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Son las 07:00 AM. Enfermeras y celadoras se pasean con agitación: Melenas, bamboleantes pechos y esbeltas piernas… Conocidas y por conocer… ¡Ay, Don Juan! Por supuesto no todas están tan buenas, pero como buen cirujano no le hago ascos a nada. Solo satisfago mis impulsos biológicos… Destruyo la adicción a cánones ajenos, impuestos por la sociedad… Reformulo mis interpretaciones de la realidad. Soy el artista de mi propio mundo, un esteta de la ciencia, un varón madurito en el apogeo de su poder… No todo son crisis existenciales y alcohol, Tino… En fin…

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Solicito una búsqueda de información sobre la identidad del paciente en coma. Se me informa de que su hallazgo se produjo en un parque urbano. Deducen por las señales físicas que el cráneo recibió de forma accidental un golpe estando el sujeto en pleno uso de esas máquinas deportivas que usan los ancianos para mantenerse (los menos) “en forma”. El paciente se debía hallar ebrio en aquel instante. Resultado: Trauma craneal. Nada peculiar.

2 de enero del 2012. 10:00 am.

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Meses han transcurrido y la identidad de aquel señor permanece siendo una incógnita. A mis pobres oídos desembarcaron algunos chismes sobre enfermeras novatas que irrespetuosamente me lo apodaron  “Sensei Chita” porque… según se mire… Pues sí… tiene una faz poseedora, digamos, de, ciertos rasgos simiescos… A mí, su rostro me resulta algo desconcertante: cuasi-sapiencial… Me produce un efecto curioso, evoca en mí un eco extranjero relleno de sensación extraña… Y me sugiere nobleza, un atisbo de bondad… He de confesar, que a pesar de mi vano intento por adquirir el máximo rigor y posible desapego profesional exterior (y no interior, ¡JA!), con algunos, poquísimos, pero algunos pacientes me siento un poquitito vinculado… Como si de algún modo hubieran sido cercanos a mí en un lejano pasado espiritual ahora eliminado de toda conciencia posible. Igualmente, SOY un hombre de Ciencia: NO creo en las deudas kármicas. No del todo. Por supuesto, toda esta morralla emocional es para mí un vergonzoso secreto que disimulo a toda costa ante mis insulsos compañeros de gremio. Pero sé… Yo sé que algo sospechan cuando me ausento… A veces para sollozar en soledad por alguna pérdi… ¡Ejem! Quiero decir: algún fracaso… O para reflexionar concienzudamente sobre mi molesta condición de ente sintiente. ¿Por qué no se podrán extirpar las emociones?

Entre ellos sé que dicen “ese Dr. Casalle es un seco arrogante, un borracho hijo de puta”. Los he oído proferir sarcasmos y pullas menores a mis espaldas. Hablan las 24 horas de mí. Sinceramente, me parecen una panda de críos sin la mínima idea de lo que supone trabajar con seriedad y empuje, con empenta. No saben lo que es sacar tu fucking vida a flote desde los diez años sin ninguna ayuda, sin padres: ese castigo obligatorio del que me libré. La vida no te la regalan, se la compra UNO con su DINERO. Las gracietas sobran precisamente por eso… Me la resbalan. Tengo una edad, pero me sobra la rebeldía ¿Por qué? Porque en mi soledad me bajo a la calle y me junto con la juventud de hoy; sé que hay cierta orfandad en los púberes de hoy. Con ellos sí que conecto y me expreso. Jamás me llaman doctor, ni nada… ¡Soy simplemente Teen-O! Por fin tengo gente real, peña auténtica, sin complejos ni movidas. Con ellos puedo dejar la carcasa del curro y liberarme… Aunque no aguanto la moda esta de las rimas y los negratas… ¡Jesús santo!

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25 de enero del 2012. 07:00 pm.

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Desnudo en el vestuario, en pelotillas, me preparo para volver a casa y emborracharme de música clásica vanguardista (y alcohol). Estrepitosamente suenan golpes procedentes de la puerta. El maldito “toc-toc-toc” de las narices…

– Dr. Casalle se le requiere en el quirófano cuatro. ¡Rápido!

Entonces es cuando me sorprendo a mí mismo imaginando el retorno a la consciencia de “Chita-san”… Perdón, ese digno paciente… Y la cosa es que siento como… “alegría”, agh. En dos minutos estoy cruzando ese coñazo de pasillo azul y blanco con celeridad. Lo primero que veo es la cama con el respaldo inclinado hacia adelante. El BIS parece sonar con vitalidad. Los “gusanitos” serpentean con escaso ánimo positivo. ¡Oh!, ¡Está abandonando el coma!

Hago que despejen la sala. Quiero que el paciente esté tranquilo y dedicarle la mayor atención posible. Veo como se agita su cabecita y los globos oculares empiezan a vibrar bajo ese manto a modo de toldo que le dice No a la luz. Pasa un cuarto de hora, y ya, con abiertos ojos de cachorro, me dice entre tosidos:

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– ¡Ah!, Y…vos… vossss, sabésss… ¿Cuál, cuál… es, es, el secreto?…

Y me quedo atónito. Un mutis desconocido se apodera de mí… ¿Argentino? Lo único que se me ocurre para disimular tal lapsus es:

– Buenas, señor, ¿Usted cómo se llama? No hemos podido averiguar…

Y se me queda el man mirándome fijamente. Su expresión comunica que tiene ante su vista a un completo estúpido. Mi mente, de repente, me susurra en rioplatense: “¡So pelotudo!”. Con cierto mareo y desgana el viejito me pronuncia lo que parece ser su apellido:

– …Mmm…”Dom…tep…comi”…eeehm…

Acto seguido pierde la poca consciencia que le quedaba. Los vermicelli desaparecen. El silencio del coma vuelve a la habitación. Surte nuevamente un insoportable agujerón en mi indomable interior…

27 de enero del 2012. 10:00 am.

Es totalmente lamentable.  El apellido no existe (aunque están realizando una especie de análisis fonético con apellidos similares (?) para poder darle una “posible” identidad al paciente). Es necesario: Todo parece positivo. Es probable que en unos meses vuelva a hacer su vida “normal” o en un feliz caso: encontrar una nueva más sensata y saludable. Eso sí, no ha vuelto a dar indicios de recuperación. Simplemente se mantiene estable. “¡Vamos, Chita-sen, tú puedes!” le digo a veces desde mi vórtice interior probablemente contagiado por la estúpida conducta de esas niñatas. ¡Qué falta de respeto al pobre! Y lo bien que le queda, oiga.

2 de marzo del 2012. 05:00 pm.

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Hemos decidido hacer uso del Zoldipem, popular somnífero cuyo paradójico efecto secundario fue descubierto por dos científicos surafricanos en la pasada década. Despierta temporalmente a pacientes que llevan varios años sumidos en profundo coma. Es cierto que supone cierto dilema ético pero creo que obtener información sobre el paciente puede hacer bien a su “hipotética” familia. Yo, que hago bromas, digamos, cultas a mansalva para granjearme toda clase de antipatías en mis círculos íntimos, lo llamo “Soldipem”, porque cuesta un pastón (i soldi, miei amici). Reitero, me la suda.

4 de marzo del 2012. 11:00 am.

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Suministro correcto de Zoldipem. Reacción positiva. Tras dos largas horas recobra la consciencia. Entonces, en compañía del equipo, le anuncio con todo respeto:

– Señor “Domtecpomi”, tiene usted un trauma craneal y lleva cinco meses en coma de primer grado. Sus expectativas de recuperación ahora son positivas, y así, mediante un inusual y costosísimo fármaco ha recobrado usted, temporalmente, por unos veinticinco minutos en adelante, la gloriosa consciencia.

– Eso… tanto me da, doctor… Yo lo que quiero es MORIR (exhalo hastiado)… Por favor, desenchufá y mátame ahora, ¡VOSSSSS no sabés lo que es este infierno de vida!

– Señor… hm, tiene usted una alta probabilidad de mejora. Puede recuperarse, y eso… Es nuestro DEBER (y lo pronuncio lentamente porque me encanta) mantenerle con VIDA… No pierda las ganas de VIVIR ahora que le queda tan poco para recomenzar; escúcheme… ¿Recuerda usted su apellido? Queremos contactar con su familia…

– ¡AL CARAJO con todo y todos!… No quiero saber nada de esa panda de BOLUDOS, flaco… Quiero marcharme de este quilombo de mierda mundial y descansar en paz de una vez, CHE… No me banco la realidad, doctor… Déjenme morir, carajo, y ya… Fabio Zerpa tiene razón

Su tono de severa angustia, resignación a la muerte y súplica rioplatense me congelaba el alma matinal, ya de por sí gélida y rocosa, solo algo húmeda cuando hallábase bajo litros de caro alcohol.

– Señorcito, le rogamos que…

– ¿SENIORSITO? Perooo dejate de joooder, chabón… A ver…, VOSSSS: ¿VOS SABÉS CUÁL ES EL SECRETO?, ¿EH?, ¿LO sabés?

– ¿El secreto de qué?, ¿Oiga?… Yo secretos todos.

Y volvió a perder la atormentada consciencia. A los doce minutos… Parece que hubiera requerido de más Soldipem.

5 de marzo del 2012. 10:00 am.

– ¡Doctor Casalle!

Una exuberante enfermera morena de armas tomar se acerca justo nada más salir yo del vestuario.

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– Es el quirófano six. El Glasgow es de three. Su movimiento de pupilas es incorrect.

¡DAMN IT!, ¡PEICH!

6 de marzo del 2012. 01:00 am.

… Infarto cerebral.

5 de abril del 2012. 10:00 am.

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Ha pasado un mesecito desde la “desaparición” del paciente-san. No asumí bien tal golpe-san. Tuve que darme de baja una temporada y ahora he vuelto a la rutina-san. Parece ser que con el tiempo pudieron identificar su pútrido cadáver. Solo uno de sus hijos asistió al entierro, luego dos personas más y un jovencísimo cura – un gay lord. Sí, uno de ellos fui yo…, simplemente no pude desvincularme. Hablo de asistentes no de gay lords… He estado asistiendo a terapia para reorganizar las inexorables huellas de mi orfandad (se dice así) y afrontar el absurdo duelo (creo que en el fondo es un duelo por mi propio ser). Creo haber aprendido, tras todo esto, mucho de la experiencia negativa que resume nuestra existencia. En el entierro no fui capaz de hablar con el hijo pues parecía bastante afectado. Pero menos que yo. Apenas me dirigió la mirada en su profundo sufrimiento. Parecía decirme: “Maldito inútil, todos tus años de trabajo no han logrado nada. Solo eres un bueno para nada, llora por tu incompetencia, PENDEJO”. Sí, ya sé que es argentino, pero así mola más.

6 de marzo del 2013. 08:00 am.

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No he podido evitarlo. Estoy obsesionado. He superado la condición metafísica del estar y simplemente SOY obsesionado. Es una tortura que casi todas las noches me acompaña mientras trato de conciliar el sueño o las pajas: “¿Vos sabés cuál es EL SECRETO?”, ¿Pero qué secreto?, ¿Qué cojones querías decirme, VIEJALES? No pude soportarlo más. Su muerte fue responsabilidad mía… Da igual lo que diga el franchutillo comecocos ese del Dr. Gainsbourg… Seguro que fue el fármaco de mierda-soldi ese que le di… Así que me he dirigido al cementerio donde reposan sus restos. Necesito meditar (o mierditar como suelo decir en un acto de indomable ingenio). Ponerme en paz con él. Sentir que me perdona… o algo. No sé, estoy hecho polvo (pero no más que él), he perdido toda la confianza en mí y en mi carrera como cirujano (sí, ciru-JANO, el dios de las dos caras, eso soy yo, un ser escindido). Incluso me ronda la idea de prejubilarme… ¿En qué clase de ser débil e irracional me he transformado?, ¿A causa de qué? De un tarado, decrépito, suicida… Tengo que cambiar todo esto… – “Pero… ¡¿Cambiar una muerte, AGUSTINO?!”- Me decía. Sé que el problema radica en mi infancia desafortunada. Para compensar todo esto voy a tener que pasar años con mis chavales fumando porros todas las tardes en algún descampado florido de mierdas de perro. Fumar mierda rodeado de truños… ¡Qué inescrutables tus designios, Señor!

Mayúscula fue la sorpresa, mejor sorpres@, cuando entre altas malezas húmedas atisbé el mármol blanco de su lápida (Y no de shu Lápida, un vecino mío algo poligonal). El epitafio cómicamente rezaba: ¿VOS sabés cuál es el secreto?… ¡Maldito viejo TROLERO!… ¡Debía de contarle la misma milonga a TODOS!

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“¿Cómo no, conchudo? Que me cogí a tu vieja”… Pensé con amargo humor para afrontar la perturbadora situación. Las malezas (la propia palabra contiene la esencia del mal) ocultaban la tan esperada respuesta que, deduzco, debía hallarse en la parte inferior de la rota lápida, que por otra parte era imposible de rotarse. Mas no… No pude apartarlas. Realmente… NO, no deseaba conocer la maldita respuesta al enigma. Regresé tras mis saltones y danzarines pasos descansado, liberado: PAXIFICADO. Por fin, tras meses enmesado ante el psico…; Recorría el camino hacia la salida del cementerio cuando, sin ton ni son (que no sé quiénes son pero todo sucede sin ellos), una jauría de perracos de distintas razas, y por supuesto tamaños, se cruzaron ante mí. Todo un Club Dogo paró mirándome y me entró alto canguelo. Me resultó tan, tan extraño ver una docena de perros corriendo al unísono y sueltos por toda la cara (la faz del suelo, quiero decir). ¡Menudo peligro! DANGEROUS. Y en un cementerio… ¿Por qué? Se fueron todos de repente y los tuve que seguir… ¡Siempre me puede la curiosidad! ¿Y si es un PET SEMATARY y se desata una revolución ZOMBI? Veo demasiada tele…

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Al rato, empecé a vislumbrar el destino de su ruta. Y efectivamente: Dos minutos, y los tuve ahí rascando la tumba del tal “Domtepcomi-san” (como sigo llamándolo para proteger su REAL ID). Me mantuve en la lejanía divisando con cierta morbosidad divertida (toda una redundancia) el espectáculo. A esto que apareció el guardia del cementerio y espantó a los perros con gritos y patadas:

-¡Joder!, ¡Los PUTOS chuchos estos siempre igual!, ¡LARGO!, ¡Dejad en paz al condenado fiambre, JOSTIAS… !

Me acerqué con impulso irrefrenable e irrefrenable impulso, y el pulso sin freno. El guardia me miró aviesamente, con fijeza, a los ojos. Y a la polla (No, hombre). Y me sonrío con malicia… Sentí escalofríos. Se me acercó confiadamente y me dijo con cierta socarronería:

– Así que tú aquí… Tú…, QUIÉN si no… ¿TÚ ahora sabes cuál era ese secreto? ¿EH?

– No, ehm… He de irme…, Adiós… (Y me volví con tanta prisa que casi huía corriendo, lo cual suele darse el caso).

Jamás podría olvidar en adelante como el guardia hecho un poseso y poseyendo el hecho, gritaba entre risotadas guturales:

– ¡Ja, Ja, Ja, Ja!; ¡¡¡EL CARIÑO!!! ¡Ja, Ja, Ja ,Ja!; ¡¡¡EL CARIÑO, MALDITO BASTARDO… !!!

Justo nada más ver al guardia lo comprendí. La misma cara de simio sapiencial que el viejo… ¡HOSTIAS! Mi misma cara…

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Pero a pesar de la muerte de mi SORPRENDENTE padre (en verdad, no tanto, reconozcámoslo) la vida continúa… Y la muerte también. Y es que hay cosas más importantes que una familia, una identidad (REAL ID), un nombre o un pasado… Porque el deber es el DEBER (Me encanta)… Y tú, TÚ eres un profesional, Dr. Casalle. Tu capacidad y eficacia han de prevalecer…

¿QUÉ?, ¿Cómo?; ¡Oh, vaya!, ¡Mierda!… Definitivamente tengo que dejar de escuchar esta clase de música vanguardista y cambiar el puto sofá, dejar el alcohol, volver al psicólogo… De verdad, me estoy volviendo loco de repetirme la misma historia… ¿O acaso no puedo volver si nunca me fui? ¿Se puede caminar entre distintos estados de salud mental?… ¿Acaso toda la realidad de este universo es fruto de la fantasía inconsciente del coma de Chita-san? Una palabra: HELP! (not just anybody).

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