Me llamo A.

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He tenido algunos problemas; me ha costado aceptarme…

Mi pasado, en el fondo, es como el de cualquier otra chica de mi edad. Todas tenemos nuestros problemas… Pertenezcas o no a una gran mayoría.

No soy precisamente abierta… No confío mucho en las personas, de hecho. Puedo describirme como ermitaña, periférica, esquiva, distante… Con todo, hago grandes esfuerzos por relacionarme, busco amor o simple aceptación como todos lo hacemos.

Más allá de las formas, de mis elecciones o preferencias, nada me distingue de las demás. Todas compartimos las mismas emociones humanas, en fin… ¿Por qué, entonces, no me apetece salir a la vida y ocupar mi lugar? Debo de tener un lugar… ¿O no?

Quiero estar ahí, que alguien cuente conmigo, no dejarme llevar por la desidia, por la apatía, por las ganas de desaparecer… Sin embargo, al deseo le acompaña un gran miedo… Yo sigo esperando mi momento pero se me pasan los días, y, poco a poco he ido aproximándome soterradamente, a escondidas: Me he asomado al precipicio primero, después he tanteado mi terreno… Busco y persigo en un mundo (o inframundo) de hipocresía a alguien, una persona con la que congeniar, alguien que sea, sí, LA chica de mis sueños…

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A pesar de las frustraciones habidas y por haber, de los obstáculos, de mis paranoias y autolimitaciones… Lo he hecho. No, no ha sido fácil levantarme, liberarme, dar un primer paso hacia adelante, y otro después, así hasta llegar a mil. No es sencillo contemplar las dificultades que me quedan por afrontar en esta vida con terrible forma de escalera… Pero las piernas se fortalecen… Y tu culo también.

El primer golpe me lo di con M., la chica más popular, la jefita del grupo. Me colé totalmente por ella y acabé por sufrir una gran dependencia emocional. Aún no sé qué pretendía compartir con ella, qué me atraía exactamente de esa chica… Bueno, sí, está claro que representaba un modelo de mujer independiente, atractiva, en su sitio…

Muy inteligente, culta, aguda, incisiva, dominante, diplomática también, tremendamente exitosa en lo social, nunca le faltaba un plan interesante… Siempre conocía gente nueva y procedía de una familia de buena posición: su casa era una maravilla en la que se acontecían magníficos eventos sociales dignos de rememorar… Era desde luego la envidia de todas. La queríamos y apreciábamos… pero es que… yo era tan opuesta a ella… A toda su esencia… Yo no tenía casi nada… Y no acaba aquí su poderío:

Además estaba (y supongo que está) muy buena: Morena de pelo ondulado, tez suave y cremosa, de rostro y sonrisa agradables, labios llenos, ojos castaños almendrados y risueños, cejas finas, elegantemente depiladas, cuello más bien breve, hombros algo robustos, grandes pechos, senos muy, muy deseables a los cinco sentidos… Aún me excita recordar su cuerpo, sus curvas, cómo se movía en bikini en la piscina durante los veranos… El perfume de su piel bañado por el mar… ese aroma salado y cálido que evoco y despierta en mí un movimiento automático de mano deslizándose bajo mis braguitas.

Deseé tanto sus labios, sobre todo cuando los bañaba en carmín durante tantas fiestas de alcohol y trasnochar… Yo la perseguía cual perrita, era su perra, su secuaz… Y cuando bailaba… Su culo no tan espectacular pero muy bonito y sus fuertes muslos gruesos… Me encendían tanto… Uff… Echo de menos aquellas intensas emociones de anhelo.

Yo también quería ser amada por todos, quería ser extrovertida y estar tan, tan, cubierta de adoración, de atención… Pero yo no puedo ser así porque me falta algo… Quizás me pese demasiado el pasado de pringá, de nerd… No transmito ni desenvoltura, ni habilidad ni ligereza… Cero sprezzatura. Con todo, fue una, llamémosle, atracción de opuestos.

Poco a poco, ella se fue acercando, venía, se iba, luego volvía… Me tuvo desesperada durante año y medio… Año y medio, haciendo todo lo que M. decía, imitándola, riendo sus gracias cual sirviente, lamiéndole el culo (disculpad mi lenguaje coloquial), cosa que hubiera hecho gustosamente en un sentido literal (y, con seguridad, haría hoy día), pues me tenía tan enamorada y tan prendida, tan caliente… que pensaba noche y día en comerle el coñito… Era una obsesión, una pasión producida por las hormonas en ebullición de mi edad… Quería descubrir el sexo, descubrirme yo, descubrirla a ella, descubrir su sabor, su forma, su humedad, quería llevar a esa joven mujercita al límite del placer compartido… Ansiaba desvirgarme con M. e iniciarme en el sexo lésbico, más bien, en su vertiente extrema… Perdonad que sea tan explícita, pero es que estáis leyendo un escrito íntimo y desnudar el alma es terapéutico a falta de desnudar otras cosas… Para finalizar el párrafo diré que casi me parto el himen de masturbarme brutalmente fantaseando con follarme a M.

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Hasta que una noche SUCEDIÓ (Ya sabéis, milagros del alcohol), y rocé el cielo, SU cielo… Fue una salida nocturna cualquiera, todos bebimos demasiado en un cumpleaños, estábamos en la discoteca del momento (hoy tristemente desaparecida), ahí, dándolo todo, ebrios, realizando un digno culto a Dioniso cuando comencé a bailar con ella alguna música animada y comercial, quizás haciendo las tontas con el reguetón… Las manos comenzaron a pasearse por los hombros, a anidarse en el cuello, las caderas ondeando, nuestras mentes en vuelo… Ante todos y sin importarnos… Fugaz la mirada, eterno el beso… Nos enrollamos toda la noche, pude gozar su lengua por horas, sentir sus tetas, esos melones prietos tras el sujetador contra los míos mucho más pequeños pero no insignificantes… Me sentí dichosa, en plena comunión con el universo, como si la suerte por fin me sonriese… Y así lo hizo… Fue entonces el mejor momento de mi vida, el culmen de mi vida social, el fruto de mi esfuerzo, mi validación…

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Salvo que la cosa se quedó ahí… M. no me desvirgó, yo borracha lo intenté e insistí en irnos a su casa o al coche o a la playa o a un servicio, estaba desesperada… Y no me comí un rosco literal, no saboreé la rosquilla de mi amada.

En la distancia, me doy cuenta de que solo fui un experimento, un capricho cualquiera para ella. Duele saber que tan solo fuiste un rato transitorio, un ocioso pasatiempo para la persona que deseas. M. no quería compartir su vida con otra mujer, ella buscaba un tío. A ella le gustaban los hombres, algo femeninos y snobs, pero hombres… Ella se masturbaba deseando pollas, ella mamaba vergas cada finde y cogía con pasión más a menudo y con más variedad de lo que yo quisiera saber o incluso imaginar. A mí me usó probablemente para calentar a alguno, o algunos… Ella, por supuesto gozó con nuestro contacto pero no como yo… Ella ni por un momento pensó en pasar la frontera de nuestras prendas, jamás tuvo la intención de desnudarme, de descubrirme… Ella ya conocía de sobras, ya había resuelto sus inquietudes hace tiempo, ella ya era mujer… Me hundí terriblemente durante meses, quizás medio año estuve tocada en el peor de los sentidos por la pena, la desilusión, el terrible contraste del éxtasis de la victoria y la derrota, por el desengaño, la destrucción de toda mi esperanza de ser una con las demás, de alcanzar la puerta que mi camino marcaba…

Tras este episodio me encerré en mí misma una temporada, examinando mis pasos, mis sensaciones, tratando de extraer lo positivo y desechar la autocompasión y demás cánticos de mi dolorido ego humano…

¿Qué decir? No todo fue salir del armario y sucumbir a orgías desenfrenadas, topar con paraísos de mujeres afectuosas y maduras que contrastan con la superficialidad e inmadurez generales de los tíos (Aunque en el fondo nosotras estemos igual de salidas, yo al menos y mi círculo).

Yo no sé bien cómo considerar las generalidades, sé que estamos en una época en la que lo individual y las excepciones cuentan más que nunca pero… A veces, cuesta escapar de los clichés, de los arquetipos y de los modelos que nos vende la sociedad. Incluso a mí me cuesta. Yo no me como un rosco, soy una pringada.

Paradójicamente, maticemos, digamos, modestia aparte, que no repelo a nadie, estoy de buen ver, no soy alta pero tengo un trasero bastante deseable y cuando me pillas de buenas pues soy muy graciosa dentro de mi despiste y torpeza habituales. Soy muy mona, y tengo mil chicos detrás. He mejorado mucho desde mis años malos, en todos los sentidos… Tengo algo más de autoestima, ya no me apetece vestir como un chico… Creo que eso lo hacía más por rebeldía adolescente frustrada (risas). Yo no soy masculina para nada en el fondo.

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Esa es la cosa, me equivoqué tanto con las tías porque ni ellas se lo esperaban de mí (ser lesbiana) ni yo muchas veces las percibí a tiempo y me mostré indiferente; en fin, lo típico… Estoy escribiendo un montón de obviedades, pero bueno… La vida es muy obvia en ciertos sentidos, como todo… No he tenido grandes problemas por mi orientación, la verdad… Soy bastante discreta ahora. Antes cuando parecía un muchacho imberbe, andrógino y eunuco pues se veía a leguas. Quizás sí los tuve con mi familia, pero ellos me quieren y enseguida (unos años) me aceptaron. Igualmente, estoy un poco chapada a la antigua: Busco una relación estable, soy profunda emocionalmente a pesar de mi ansia por iniciarme en el sexo lésbico, y voy muy despacio con mis relaciones tras enrollarnos unas cuantas veces. Quiero aclarar, he estado desesperada y he sido muy directa dejando claras mis intenciones si veía posibilidad. También no he sido convencional a la hora de procurarme intimidad con mis posibles amantes, todo intentos frustrados. Seguramente esto forma parte del problema de mi “soledad”. Porque amigas y amigos podemos tener a montones; si llamamos amistad a lo que es simple “camaradería urbana”, por no llamarlo “colegueo”, vamos. Conocidos, quiero decir, a eso llamamos amistad en esta época: gente va y viene, charlas de una vez al mes. Pero más allá de eso, en esta sociedad utilitaria, narcisista/autista, caprichosa, irreflexiva y consumista… encontrar a alguien que mire más allá de sus narices cuando se presentan los problemas es complicado. Súmale a eso los problemas de convivencia, la compatibilidad intelectual, etc.

No sé bien qué hago divagando perogrulladas cuando mi propósito era narrar un poco mis primeros fracasos con mi propio género. Porque eso de que nos entendemos mejor las mujeres… No sé yo…

Prosigamos: Mi siguiente fijación sexual se llamó M. TAMBIÉN, parece que me van las que comienzan por la letra M… Es una letra abundante.

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Era una chica que, en principio, conocía de vista, con alguna amistad masculina en común… M. no tenía absolutamente nada que ver conmigo, ni siquiera sabía si era lesbiana, aunque como mínimo debía de ser bisexual (es lo común, al menos en mis círculos progres/alternativos casi todas han tenido escarceos homosexuales). Y por sus gestos y aspavientos un tanto andróginos, a mí me quedó eso claro… que con esa podía tener tema… Eso sí, siempre la veía rodeado de chicos y con diversos novios; el caso es que (como es usual) fui acortando distancias de forma subrepticia… Fui realmente ruin en esta ocasión… (No soy ninguna santa aunque lo parezca por mi carita linda. He tonteado y fingido atracción con chicos solo para aproximarme a las chicas de su pandilla; he engañado a algunos colegas que se han colado por mí solo para obtener recursos materiales o escalar socialmente; he usado a algunas personas con fines egoístas por simple diversión, etc. No estoy orgullosa de ello pero no sé moverme de otra forma en la vida. Me cuesta mucho ir de frente. Todos tenemos trapos sucios que ocultar, draps bruts, y yo soy una miserable pringada que critica un mundo hipócrita del que soy puro reflejo).

Hasta que, tras algunas artimañas sociales de estas de rata despreciable, haber movido hilos con sutilidad, y lanzarle señales confusas a la chica en cuestión, conseguí conocerla en persona. Básicamente me acerqué cada vez más a la amistad en común, fingiendo interés y aprovechando la mínima para mostrarme ante la nueva M. y captar su atención.

Estaba súper nerviosa. Yo tan cortada y ella tan elocuente y directa… Me encantaría ser como ella, aparte de que físicamente me llamaba mucho la atención: Morena de cabello largo y recio aunque liso, cejas finas y astutas también depiladas como no… Nariz mediana y algo aguileña, ojos grandes, castaños, de bebé, pero de mirar fuerte, curioso y perspicaz. Labios siempre pintados, labios carnosos pero de boca pequeña, sonrisa irónica, tez pálida, cara delgada, pómulos tirando a anchos pero suaves, barbilla estrecha, cuello largo y delgado, muy tentador, hombros estrechos, constitución muy delgada, alta pero tremendos senos que realzaba con ceñidos sostenes y amplios escotes… Su punto estaba ahí, su escote despertaba el deseo de todo quién la mirara… Sus piernas delgadas también atrayentes pero su culito y caderas eran más bien masculinos… Eso sí, buen sentido de la moda, muy coqueta y con un gusto moderno muy provocador.

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Ella también pareció responderme tras algunos encuentros pero el amigo que teníamos en común no nos dejaba a solas, el muy pesado probablemente quería ligar con ambas, quizás deseara un fortuito trío… No creo que me hubiera cerrado a tal posibilidad. Los chicos a veces me ponen bastante… No soy del todo lesbiana, no sé ni yo lo que quiero, pero para pareja siempre mujer. En fin…

Y así inicié mi periplo embaucador: calentón más, calentón menos, sumados intentos de quedar a solas con ella, notables manipulaciones por mi parte de que el amigo nos reuniera, más algún toqueteo disimulado a altas horas de la noche pero descarado (sobetear culitos ebria es mi especialidad); pues con todo eso la cosa nunca se concretó en nada. Jamás avanzamos…

Tuve un interés acentuado por esta chica nueva pero jamás eclipsó a la anterior. Me tocaba soñando con triunfar con ella, con iniciar una relación, con alguna noche loca como mínimo para saciar mi sed… Jugué sucio esta vez pero no fui hábil, pequé de confiada.

Yo traté por activa y por pasiva de que el pesado de mi contacto, llamarlo amigo es insultante, la invitara a un par de salidas conmigo los findes pero creo que se “coscó”, se percató enseguida de mi maniobra e interés y me cortó la jugada en seco. Ahora lo odio pero me lo merezco. Debería aprender a no tratar de robarle las chicas a mis colegas. Quizás todo esto sea producto del karma, a saber…

Sigo siendo virgen. Sí, ya sé que es “evidente” y obvio por el transcurso de mi relato… No sé cuánto tiempo seguiré así: de encerrona doméstica, en mi mundo, y esperando no sé qué… Pero esto ya lo dije antes: prosigamos con esta desdichada historia…

(Valiente “epopeya” intrascendente y teenager os estáis merendando… Lo mejor es que no sé a dónde pretendo llegar con esto porque básicamente la cosa no va a ninguna parte…Es mi destino ser una cualquiera… Una don nadie, no, peor, una existencia vacía, aburrida, ilusa, perdida… Pero, bueno, al menos lo que te narro es REAL).

Antes de la segunda M. había estado enamorada, sí, esto fue amor, no capricho (lo que narro transcurre en tres años más o menos), de una chica rumana, preciosa, de mi instituto… pero era heterosexual aunque no iba de diva como las anteriores, así que me comí los mocos en el interludio.

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Y después de M. pues vino… S., que no fue amor pero me gustó en cuanto la vi porque era así de mi estilo, mucha tontería, modernita y ambigua, y a sabiendas de que era heterosexual lo intenté igualmente… Sí, es mi sino, siempre tengo esa fantasía de convertir, de llevar a mi terreno a mujeres profanas en la materia, tan inexpertas como yo. Será que me asustan las mujeres más experimentadas, con más poder… Como mi madre… El caso es que ligando así de frente soy pésima y me pongo como muy cordial, afectuosa y pelota cuando no tiene lugar: el resultado es desastroso… Creo que no soy consciente de hasta qué punto resulto patética.. Yo, en vez de serenarme, de hacerme la interesante, de crear cierto “tira y afloja”… No, yo ahí, a hacerme la cercana, la vulnerable, la atenta, la detallista, la cándida, la desvalida, la pretendidamente picarona… Buff, creo que me odio. Ojalá encontrara algún grupo de bolleras (hablo coloquialmente, sin ofender, yo no lo considero peyorativo) que me introdujeran, que me enseñaran, asesoraran, tutoricen, no sé… Me siento muy perdida y solitaria, como perdida entre un montón de impulsos y noto una gran carencia emocional… Eso es lo que me crea la vorágine interior que me arrastra continuamente a la desilusión, al hastío, al encierro, a la monotonía, al propio olvido y a la depresión.

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Volviendo al núcleo de la cuestión y como era obvio, tararí que te vi con S. La gente se ralla conmigo porque, claro, al principio voy pitosa con ellos y ya luego me vuelvo distante y pasota. Me los meto en el bolsillo y cuando ya los tengo los ignoro. Pero, bueno, me da igual en cierto modo. Cada uno es como es… No os creáis que solo voy a lo que voy, porque, es cierto que tengo mis contradicciones pero muchos fracasos resultaron en valiosas amistades, o cuasi-amistades, ya sabéis, una charla cada dos meses por las redes sociales, alguna quedada falsa fría y poco más… Sí, la vida posmoderna es apasionante (?).

También ocurre que a veces pues se me enciende la chispa y me apetece salir de marcha, dejar los estudios a un lado, olvidarme una noche de la carrera, de la crisis, del desencanto y emborracharme ¿no? Algo normal, convencional y socialmente aceptado.

Pues bien, cada día me cuesta más hacerlo ¿Por qué? Porque la peña, al menos, mi gente, se ha vuelto autista… Es decir, yo soy la primera que se desaparece durante meses y después vuelve como si nada a la vida social… Pero ¿y los demás? La tecnología, las drogas y la inmadurez están haciendo de la juventud un completo desastre. Sí, lo dice la que habla de refugiarse en el alcohol. Yo estoy dentro de esto y me doy cuenta parcialmente. Pero ¿qué vamos a hacer? Sin dinero, sin trabajo y sin gente; o bien, gente ignorante, intolerante, insalubre, in, in, in, etc. No se puede hacer nada…

Así que me paso los días encerrada en la casa, estudiando y viendo pelis. Como no tengo ningún hobby creativo pues me paso el día en la silla y en la cama. De vez, en cuando me enchufan en algún currillo eventual y vuelta a la rutina. Esperando a que llegue un poco de dinero, trabajo y poder viajar o mudarme a otra ciudad más viva. A veces me voy un año a la capital y bien, luego vuelvo al pueblo y me marchito.

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Me estoy yendo del tema, nuevamente, disculpad. Es lo que tiene ponerse a escribir lo primero que se te viene a la mente al reflexionar sobre el estado de tus circunstancias… Yo quería hablar exclusivamente de relaciones infructuosas para que sirviera de consuelo a alguna chica como yo, que hubiera soñado que salir del armario iba a ser la panacea, que la comunidad gay iba a ser el santuario, que jamás me volvería a sentir sola…

(Con todo por supuesto que os animo a hacerlo).

Pero no, en vez de eso, os estoy lanzando una lluvia de pesimismo y anulación. Vais a tener que aguantaros porque otra cosa no hay, al menos aquí: Es mi realidad. O bien, la que me he creado yo o la que han creado para mí. No sé hasta qué punto somos responsables de una sociedad. Supongo que la clave es pensar y trabajar en una dirección positiva. Pero no veo mucho de ambas cosas. En fin, que no sé por qué se le da tanta importancia a tus inclinaciones sexuales si luego es lo mismo para todos: Vacío, expectativas, hype y desilusión.

Las relaciones no son fáciles para nadie, ni nada es más elegante, interesante y gratificante que lo demás. Pero bueno, esto ya se sabe, simplemente quería expresar que estoy cansada de la visión feliz o idealizada que dan algunos medios acerca de la homosexualidad. Somos personas reales como cualquiera, no todos encontramos el amor, ni nos llevamos bien entre nosotros, ni hallamos un lugar… En fin, pertenecemos a la misma colectividad desmembrada, individualizada, narcisista, solipsista, materialista, etc. El hecho de que se nos excluya solo nos lo pone más complicado.

 Igualmente no soy representante de ninguna clase, ni de ningún género, ni hago apología de nada. Me limito a hablar de mí misma, mis circunstancias… Volviendo a lo de generalizar que tratamos antes, porque yo pueda ser susceptible de tal encasillamiento no significa que otras chicas compartan conmigo otros rasgos. Soy A. y punto. Esto es lo que cuento… Si alguien se identifica pues es solo un hecho y no tiene más importancia. Ni siquiera soy lesbiana al 100%.

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¿Veis? Ya he perdido el poco hilo o la atmósfera que pretendía crear, me da igual…

Vuelvo a lo de los ligues, aunque poco hay ya que decir, las líneas son las mismas… Hace poco conocí a J. otra tía muy segura de sí pero menos popular, nos hemos hermanado y tal y ella pasa de mí. Yo que soy muy cabezona sigo tonteando con ella a pesar de que tal conducta sólo evidencia mi desesperación. Genial, me siento estupenda con mi conducta animal-mecánica-irracional, con mi sometimiento a la química, mi condenar la capacidad de raciocinio cuando es necesaria… Bien, ahora, para no estancarnos más, y para finalizar, doy un salto adelante: ¿Qué será de mí?

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No sé cuándo saldremos de la crisis y si acabaré mis días en este país, no sé durante cuánto tiempo más lo más productivo que pueda hacer para mí se reduzca a unos estudios con poco futuro, no sé hasta qué punto algunas personas abrirán su mente y me aceptarán como a una igual mientras yo viva, no sé si podré ser madre y no sé si se me respetará por ello. No sé si podré ser una más en este mundo que pretende homogeneidad excluyendo “diferencias” o que crea más diferencia buscando homogeneidad.

Solo sé que debo seguir adelante, aprender del pasado, esforzarme por cambiar mi presente y aprender a ver lo positivo de las cosas (como os habréis dado cuenta no es mi punto fuerte). Hay vida más allá del sexo y del amor aunque no la conozco aún. Hay más dimensiones humanas al margen de nuestras preferencias y elecciones. También del dinero y del éxito aunque ni por asomo lo concibo. Necesitamos del conocimiento para alcanzar la unidad, para quitarnos la venda, para ver la realidad, para comunicar nuestra verdad (la de cada uno). Solo reconociendo a los demás podemos aceptarnos a nosotros mismos… Debo dejar la mentira, renunciar a mi sed de lo ya mencionado, debo recogerme y cultivar mi interior, entregarme a mis capacidades, fortalecer mis debilidades, aceptarlas cuando no se puede. Abrazar mi soledad para acabar con ella.

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Gracias, tú, por leerme: Siete folios de una niñata divagando han sido demasiados…

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